Cristales de tiempo, cumpleaños y leyendas

garroedit

“Busco en las profundidades

de un tiempo luminoso

a la niña llegada entre cohetes

en el glorioso día

de la Virgen de Guadalupe.”

Fragmento de Búsqueda, de Elena Garro.

Elena Delfina Garro Navarro nació el 11 de diciembre de 1916. Por tanto, este año se conmemoran 100 años de su nacimiento. En el marco de la celebración, Patricia Rosas Lopátegui, única biógrafa autorizada de Elena Garro, publicó su poemario inédito “Cristales de tiempo”.

Cuando me enteré, me emocioné muchísimo porque cuando en 2010 conocí el teatro de Elena Garro, no me costó mucho comprender que aunque jamás hubiera escrito poesía (curioso, porque en su vida incursionó con maestría en todos los géneros literarios), nunca le hizo falta porque su creación literaria está llena de figuras poderosas y bellas, ¿no es eso la poesía?

Aunque si lo pensaba un poco, tenia sentido. Estuvo casada con un premio nobel de literatura, el único Nobel de México, poeta y ensayista. Cualquiera podría sentirse intimidado. Sin embargo, conforme encontraba información sobre ella, me confundía cada vez más. La tachaban de delatora, traidora y hasta de envidiosa. Nunca un dato concreto, tan sólo habladurías, dimes y diretes. Pero qué extraño, ¿no? Si la delatora ayudó a que el grupo opresor (el PRI) mantuviera su status quo, ¿por qué huía de México? Si había delatado a un gran número de intelectuales mexicanos como instigadores del movimiento estudiantil del 68, ¿por qué todos ellos no tuvieron ninguna repercusión en sus vidas? Siguieron ganando premios, asistiendo a eventos oficiales, homenajes y demás. Si Elena Garro había sido una traidora y había sucumbido a la corrupción del PRI, ¿por qué era ella, y no los delatados, la que huía de México?

Muy raro, ¿verdad?

Jamás en mi clase de Literatura mexicana,  como estudiante de preparatoria, me hablaron de ella. Aún ahora, después de muchos cursos y talleres de creación literaria, los maestros jamás la mencionan como una portentosa figura de la literatura mexicana, a pesar de ser autora de Los recuerdos del porvenir, La semana de colores o Un hogar sólido. Si la conocí fue gracias a una maestra, una sola, que en un taller de poesía nos entregó una fotocopia de “Andarse por las ramas” para leerla grupalmente y analizarla.

Cuanto más conocía su obra literaria, más atrapada me sentía por su lenguaje inteligente, directo, poderoso y poético. Mientras más leía sus novelas, más se angustiaba mi corazón por el desazón, la soledad y la opresión de sus universos.

Entonces todo comenzó a tener sentido. Que su obra se mantuviera en un injusto olvido, la falta de rigor al levantar aseveraciones graves en su contra y la triste existencia que fue obligada a llevar en sus últimos años.

Patricia Rosas Lopátegui se encargó de la publicación de la biografía de Elena Garro a partir de sus diarios y una serie de entrevistas (Testimonios sobre Elena Garro, 2002), así como el compendio de su trabajo periodístico (El asesinato de Elena Garro, 2da Edición, 2015) que también contiene una investigación que desmiente la leyenda en torno a la figura de la escritora.

Sin embargo, hoy en día se reproducen artículos que repiten las mentiras y los programas educativos siguen sin incluir a una de las mejores escritoras de la literatura en lengua española. A Elena Garro sólo se le puede ubicar si se menciona con quién estuvo casada, y cada artículo que de ella se escriba seguramente habrá de mencionarlo, lo que no necesariamente ocurre a la inversa.

Por eso hoy, en su cumpleaños, en vez de únicamente mencionarla, subir una foto suya y un par de citas sus obras, quiero hablar de los poemas de Elena Garro. De los que sí existieron y se mantuvieron, al igual que la autora, en un injusto olvido.

Feliz cumpleaños, Elena.

***

El poemario nunca fue concebido por la autora como tal. Cuando en 1997 Patricia Rosas Lopátegui le propuso a Elena Garro escribir su biografía, ésta le entregó los cuadernos, hojas mecanografiadas y diarios que habían sobrevivido a las múltiples mudanzas y a los orines de los gatos. Entre éste material  rescatado estaban perdidos los poemas que Elena Garro entregó para que posteriormente fueran editados.

“Cristales de tiempo” está conformado por un extenso estudio preliminar –a manera de ensayos-, la colección de poemas divididos en cinco temas, un epílogo, que consiste en tres poemas de Helena Paz Garro, y un apéndice, que vienen a ser todas las notas aclaratorias sobre el universo que habitan los poemas. Además, como existen poemas con dos o más versiones, la editora las agrega todas “para mostrar las variantes de dichos textos y dejar constancia del proceso creativo” (Lopátegui, 2016, 8).

Patricia Rosas Lopátegui decidió dividir los poemas en cinco temas porque distingue diferentes discursos en ellos. La infancia en la memoria agrupa todos los poemas escritos desde la añoranza y melancolía sobre sus días infantiles en la casa de sus padres, el patio en el que jugaba de niña, la figura amorosa de su padre o el recuerdo de su tío Boni. Siempre desde la ausencia, Elena Garro escribe sobre aquellas figuras filiares amadas, los aromas, imágenes y texturas de los días de prodigalidad de amor, fiesta y hogar.

Sobre su matrimonio, Horror y angustia en la celda del matrimonio comprende los poemas que abordan sus sentimientos tras sus nupcias, el señalamiento al que fue sometida por su entorno, y el rechazo y hastío que le inspiraba su esposo. En estos poemas, el tono es de desesperanza, rencor y soledad, las figura de sí misma fragmentada se repite continuamente, los señalamientos y la vigilancia constante; las alegorías a la tormenta, el frío y las sombras que persiguen son recurrentes.

A mi sustituta en el tiempo es un doble juego, porque bien los poemas son argumentos a sí misma, o a su hija , o al juego de éstas dos ser la misma. Es decir, en la sutileza de una H, Elena puede hablar de su hija como una extensión de sí misma. Al mismo tiempo, lo poemas son una respuesta a sí misma sobre las miradas u opiniones externas: l anhelo de libertad de ser, la preocupación por aquella hija a la que sabe que dejará, o la irreverencia con la que responde a la opresión contra la que jamás dejará de luchar.

Todos los poemas amorosos producto de su relación con el escritor Adolfo Bioy Casares se agrupan bajo el título “Bioy, tú me diste una tan buena lección, que yo ya no puedo enamorarme de nadie, ni siquiera de Bioy”, palabras de la misma autora, extraídas de sus diarios. En ellos, la autora transita el discurso amoroso que va del enamoramiento al desencanto, la decepción y el rencor. El carácter adúltero del amor que se entrevé en los poemas se alimenta con las figuras de la zozobra por el reencuentro y, nuevamente, las figuras vigilantes.

Por último, La poética del exilio son aquellos poemas compuestos en el periodo más duro de la vida de la autora, los días del exilio, el ostracismo, la miseria y el temor. Vamos unidas es el poema más extenso de toda la colección, caracterizado por el tono sombrío, la desesperanza y el temor. Está plagado de referencias personales que serían muy difíciles de entender sin las notas aclaratorias de la editora, así como de referencias a Dios (Elena era profundamente católica).

libro

Portada y contraportada del libro. Disponible en Librerías Gandhi o en cualquier librería del Fondo de Cultura Económica.

Elena Garro no retomó sus poemas para pulirlos y presentarlos al público pues éstos pertenecieron siempre a la esfera íntima. Por eso, lo que se presenta en las páginas de Cristales de tiempo es un acercamiento a la más íntima creatividad de la autora, a aquellos sentimientos que fueron la motivación de sus creaciones literarias.

A diferencia de su dramaturgia o su narrativa en donde ficcionalizó las vivencias mediante un proceso oblicuo, la lírica –íntimamente ligada a la subjetividad de la voz poética- le sirve de catarsis para desahogar lo vivido de una manera más directa por medio de la condensación de símbolos, imágenes o metáforas. (Rosas Lopátegui, 2016, 42).

En sus poemas, Garro se permite hacer guiños a sí misma (Tres tulipanes y Testimonios sobre Mariana, por ejemplo), revelar secretos o levantar injurias sobre la figura literaria más reconocida de México (Vamos unidas, que aborda la homosexualidad y la relación incestuosa de Octavio Paz con su madre), o simplemente llorar la tristísima pérdida de su gatita (Lola).

La poesía de Elena Garro no tendría que aspirar a alcanzar la maestría del resto de sus expresiones literarias debido a que jamás fue esa su finalidad. Estas creaciones pertenecieron al ámbito privado, no las retomó para trabajar en ellas y perfeccionarlas. Sin embargo, ofrecen un testimonio de la habilidad de la autora para crear metáforas fuertes y un lenguaje propio y consistente. Dejan constancia también de la creación de figuras literarias que habrían  de hacerse presentes a lo largo de su obra.

El rescate de estos textos y su publicación son imprescindibles para completar el proceso de escritura de Elena Garro. Definitivamente una manera de enriquecer sus obras literarias es a través de la recurrencia a la poesía que en su caso personal funciona como depositaria de lo íntimo, pero también de material posterior para la memoria escrita. (Alejandro Palma en Rosas Lopátegui, 2016, 37).

Sus poemas son verdaderos cristales de tiempo, objetos que pueden moverse perpetuamente a través del tiempo, siempre vivos, siempre vigentes.

Felicidades, Elena.

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Elena Garro y su hija, Helena Paz Garro.

-Rosas Lopátegui, Patricia. 2016. Cristales de tiempo, poemas inéditos de Elena Garro. México: Universidad Autónoma de Nuevo León.

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Un año de ausencia

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Recuerdo haber escuchado un par de notas aquel año, sobre un ataque a unos estudiantes. Mi primer pensamiento fue el ataque a estudiantes del 68. Semanas después, leí las notas con mucho mayor cuidado y, durante un seminario de política y violencia, la maestra explicó cómo ella entendía el caso Ayotzinapa como una demostración de que el Estado puede ejercer la violencia como una muestra de poder, un caso que demostraba, una vez más, que en México lo jurídico nada tiene que ver con lo justo o lo injusto.

Como algunos saben, tuve la oportunidad de participar en el proyecto 43: La vida detrás de cada nombre (que por cierto, será publicado por la Editorial UV) escribiendo sobre uno de ellos, Mauricio. El proceso creativo consistió en leer notas o ver entrevistas de su padre hablando de él, quién es, cuánto lo extraña y todo lo que ha dejado de lado o ha perdido por salir a buscar a su hijo y exigir verdad y justicia. Imaginarán que me sentía una intrusa, observando el dolor ajeno y sin poder hacer nada al respecto, así que lo único que podía hacer era tratar de hacer su vacío evidente, tratar de que más personas empaticen. Porque lo único que puedo pensar al respecto es que no importa qué hagamos en un primer momento, lo único que no podemos hacer es hacer nada.

Se cumple ya un año de preguntas sin respuesta, de dolor, de incertidumbre, de impunidad. De rabia que ya no puede ser contenida.

Es posible que no tenga nada más qué decir al respecto, habrá muchos artículos, podcast, etc., que seguro podrán explicar el caso con mayor precisión, darle motivos a la indignación para crecer, etc. Ayotzinapa es un caso que ha impactado tanto no sólo por la brutalidad y el cinismo, sino porque vino a confirmar lo que los mexicanos ya intuíamos: el crimen no es el enemigo del Estado, sino el Estado el enemigo del pueblo. Así, vivimos resentidos, nos sabemos traicionados, no hay ya dependencias en las que podamos confiar y vamos por ahí cuidando los pasos.

Los derechos no se piden de rodillas, se exigen de pie.

No al olvido.

No a la quietud.

Pincha aquí para ver una pequeña cápsula, de AJ+, en el que se habla más de Ayotzinapa que en los noticieros estelares de México.

Hambre

Para Y.H.

 

And we don’t care about our own faults talking ’bout our own style,

all we care ’bout is talking, talking only me and you.

Young Folks, Peter Bjorn and John

La caminata había logrado disipar sus recuerdos; nunca se había sentido más libre que en esa piel brillante, alborotada y desigual. Miró la tierra debajo de sus patas, esos que nunca más querría que vuelvan a ser pies, y  fue consciente, primero, de la distancia que había recorrido y del nulo cansancio que sentía, y después, del agua cristalizada debajo de sus motas. Es increíble, pensó, nunca más frío, nunca más habitaciones cerradas o reclamos a media cena. Las capas de pelo, los poderosos dientes que surgían de sus mandíbulas, la agilidad de sus patas, todo le hacía sentir lo suficientemente poderoso como para huir sin retorno. Pero el hambre, ¡ay, el hambre!, esa no perdona ni una sola hora; la carne viajaba con tanta velocidad de los dientes a su estómago que hasta ahora no había logrado sentirse satisfecho.

Echó a andar entre los árboles, sus agudos ojos amarillos acariciaban la oscuridad y miles de aromas llegaban hasta su nariz.  Un gato, pardo como él,  en un mal paso cayó del árbol en el que se había refugiado, y para  su desgracia el ya débil recuerdo de los gritos de Fania enfundada en su abrigo de pieles duró hasta el momento en el cual su estómago empezó a rugir, y entonces Fania con su abrigo, los gritos y el gato desaparecieron.

Cinco días antes le había hecho comprar una corbata que fuera con aquel abrigo. “O vas bien, o no vas”, le dijo mientras se levantaba de su silla y caminaba en dirección a Misael. Lo vio ponerse de pie, y preguntar mientras se quitaba el saco “No hay problema, ¿verdad?”. Él sólo pudo esbozar una sonrisa y acompañarse de su copa. Los miró bailar, la miró a ella apretar el cuerpo contra el de él, lo vio a él enterrar los dedos en la carne de sus caderas, la vio a ella aspirar sin disimulo el aroma de su cuello. Lo que le pasmaba no era que su mujer coqueteara en sus narices con otro hombre, eso poco significaba para él,  constantemente subestimado por ella; lo que le impactaba era que, siendo como era, una ciudad tan grande y con tantos habitantes, y siendo su esposa integrante de numerosos clubes sociales, hubiese elegido por amante al único amigo de su marido. Por otro lado, que él le hubiese aceptado no le sorprendía tanto, Misael seducía mujeres, eso era lo que él hacía; claro, usualmente se fijaría en mujeres más guapas que Fania, pero tal vez era la injuria lo que la había provisto de  mayor candor.

Aquella noche como muchas tantas, Fania se durmió dándole la espalda, por lo que las contracciones, la agitación, el jadeo, todo pasó inadvertido para ella; se arrastró a la ventana como pudo, rodó su cuerpo por el alféizar, y cayó sobre el pasto húmedo de sereno; su cuerpo, retorciéndose con la violencia de la ira que hubiese deseado enseñar en días anteriores, cubierto de capas de pelaje, logró reponerse y echarse a andar lejos, muy lejos de aquella casa y su repulsivo aroma dulzón.

Era esta la noche en la que él debía usar su frac con la nueva corbata, y acompañar a Fania a la cena de gala  de uno de sus clubes; ella usaría su nuevo vestido con el abrigo de pieles, y ambos fingirían por una noche que en casa la economía era próspera y el ambiente cálido y respetable. Pero ahora estaba muy lejos de todo aquel engaño, y ajeno a las etiquetas podía mancharse el hocico con la sangre de aquel gato caído del árbol.

Una luz entre los árboles captó su atención, y al acercarse reconoció el olor de las plantas a los pies de los ventanales: violetas persas. Avanzó, aguzando el olfato aún más; el gato resultó muy pequeño, por lo que se esforzaba en detectar alguna presa. El aroma de carne cruda lo atrajo a una de las ventanas, por la que entró para devorar la carne que, efectivamente, descansaba en un plato del fregadero mientras se descongelaba. La luz de una habitación estaba encendida, pero no le prestó atención por ahora, se encontraba tragando trozos de carne, cuando percató con mayor fuerza el aroma dulzón que le recordaba algo.

Fania, que había escuchado los ruidos en la cocina, salió esperando encontrarse con su esposo, ese hombre estúpido que llevaba un día desaparecido, había faltado a su cita, y a quien tuvo que excusar toda la noche, y que en general le causaba muchos más desazones que beneficios. Pero ella que tan dispuesta se encontraba a pelear, gritar y arrojar cosas si era necesario, permaneció inmóvil, muda, con los ojos clavados en la bestia que había invadido su cocina.

Por un momento, no supo por cuánto, él miró en esos ojos a la mujer que  alguna vez llegó a sus brazos llorando -¿tuvo alguna vez brazos?-, que le pidió protección y le juró amor -¿alguna vez entendió las palabras?-.

Entonces su estómago rugió. ¡El único suplicio de ser un lobo! ¡Ay, el hambre!, esa no perdona ni una sola hora. ¿Recuerdos? ¿Qué recuerdos? ¿El pasto húmedo debajo de sus patas? ¿El aroma de las flores de invierno? ¿Cuáles recuerdos? La carne desgarrada por sus dientes pasaba muy rápido por su garganta y, por primera vez, empezaba a sentirse satisfecho.

¡Qué dicha saberse libre en ese pelaje brillante, alborotado, desigual!

Visago

Díganle a Marduk que yo no sé escribir sonetos (X)

X

Me acordé de ti porque me encontré el libro de Chesterton que me prestaste.

Lo encontré en el lugar de mi casa que más miedo me da. Aunque lo rescaté, no pude volver a leerlo porque soy un fichero enterrado entre tus poemas escritos con X, y herí mis ojos con una de ellas.

Entonces me di cuenta de algo:

A pesar de que soy un fichero enterrado entre tus poemas escritos con X, al igual que el libro que me regalaste,

[entre el polvo y las arañas]

yo también estoy en el lugar que más miedo te da, y las X también hirieron tus ojos.

*X, rey del asfalto es un texto dramático en proceso.

mard

Crónica de la lucidez: La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides.

Te amo/Je t’aime
“Una vez que se ha hecho la primera declaración, <<te amo>> ya no tiene el menor sentido.”
Roland Barthes, El discurso amoroso.
“Si utilizabas la cabeza, si llegabas a ser consciente de cómo el amor ha sido construido culturalmente y empiezas a ver sus síntomas como puramente mentales, si reconoces que estar <<enamorado>> es sólo una idea, entonces quizá puedas liberarte de la tiranía del amor. Madeleine sabía todo esto. El problema era que no funcionaba.”

Gracias a La trama nupcial, además de decidirme por un máster en Literatura hispanoamericana, mi concepción de novela romántica y los finales conmovedores después de un giro inesperado se han ido al traste. Tal vez no para mal. Posiblemente se deba a que tal y como expone el primer capítulo de la novela, la trama nupcial dejó de existir desde el siglo XIX. O a que comprendí cabalmente que el amor es un término que pudimos jamás haber conocido, y porque la acción del tiempo sobre las ideas y las personas acontece con tanta notoriedad que cerrar los ojos ante ella se nos antoja un acto de rebeldía bastante atractivo.

La novela, traducida al español por Jesús Zulaika para Editorial Anagrama, trata sobre la vida amorosa de Madeleine Hanna, una recién graduada de Lengua y Literatura Inglesas, su relación platónica con Mitchell Gramaticus, un contemporáneo de Brown matriculado en Teología, y los altibajos en su relación con Leonard Bankhead, otro contemporáneo de Ciencias, y los propios dilemas que cada uno enfrenta.

La trama Collage

Sí, tuve un romance tan intenso con el libro que incluso le tomé fotografías.

Está conformada por seis apartados temáticos, en cada uno de los cuales el autor se permite saltos de tiempo en la narración a modo de retrospectiva hasta alcanzar el momento presente; del mismo modo, fragmenta los capítulos en secciones bien por subtema o para manejar una temporalidad paralela.

Un loco enamorado
Peregrinos
Una jugada brillante
Descansa en el señor
Y a veces estaban muy tristes
Kit de supervivencia de la soltera 

El lenguaje que Eugenides maneja en esta novela es burdo por ratos, y directo todo el tiempo, porque la fuerza de la novela reside en la inteligencia de la narrativa. Sin ser declaradamente la intención, el autor hace las veces de maestro en literatura, filosofía, lingüística, semiótica y teología para el lector. Tan sólo para mantener el discurso de uno de sus personajes pilares-Leonard- fue necesario hacerse del conocimiento psiquiátrico del trastorno bipolar y los procesos de recuperación de los maníaco-depresivos, así como en la estructura del bagaje químico-biológico del mismo.

Los saltos en el tiempo permiten obtener la información perdida en los párrafos anteriores, sin que estos cortes puedan acaso percibirse en el ritmo de la trama, porque la retrospectiva de los personajes se establece como parte del presente de los mismos.

Dentro del enriquecimiento de la trama, así como de la tridimensionalidad de los personajes, hay dos recursos de Eugenides que se han de destacar: el autor decide explicar episodios de la historia en voz de más de un personaje; es decir, un solo evento es relatado desde la perspectiva omnisciente centrada en un involucrado en la escena, para después, en otro apartado, ser plasmado desde la perspectiva de otro involucrado, lo que permite llenar huecos de información y percibir un suceso de modo más completo –y posiblemente establecer empatía con alguno de los sujetos involucrados-. También, en algún punto de la novela, el autor permite que sean los mismos personajes quienes escriban, permitiendo al lector conocerlos por medio de su escritura, ya sea a modo de cartas o en la redacción de un diario.

 El único punto negativo fue que la traducción de Anagrama es castellana, de modo que hay palabras que naturalmente brincan en mi uso cotidiano del lenguaje, y de pronto me creaban un distanciamiento con el mismo.

¿Y en cuanto a mis emociones? Al acabar el libro, lo cerré con violencia y lo eché sobre la cama, lejos de mí. Estaba molesta por la sensación de lucidez que me invadía. Vi ante mí la figura de la protagonista sana y vital, capaz de llevar una vida satisfactoria sin mayores dificultades, y la del coprotagonista tanático, endeble mental y emocionalmente; sí, atractivo y seductor a un tiempo, pero tóxico, rayano en el patetismo. Por otro lado, Mitchell, el enamorado platónico que se autocastigó por su falta de ímpetu para hacerse amar, que me abrumó en su búsqueda espiritual; Mitchell, que fue el modo del autor de poner ante los ojos del lector –ora yo, ora cualquiera- que al confrontar la realidad con la fantasía tantas veces dibujada, la primera corre siempre el riesgo de ser más débil en impresiones, de resultar opaca.

 ¿Qué clase de personaje quiero ser en mi vida? ¿Por qué seguir creyendo en algo que dejó de existir hace tanto, y eso suponiendo que las bases del matrimonio, y por tanto del amor eterno y monogámico, no responden sino a un convencionalismo que tiene como fin satisfacer necesidades carnales? ¿Qué sería de mí, de todos, si nunca hubiésemos escuchado la palabra amor? ¿Cuál sería el modo de amar si aquello no tuviese nombre?

Y sí, acabé frustradísima, pero pude menguar esta frustración al preguntarme si existía otro final posible para la novela. Claro, existen muchísimos, pero ningún otro me hubiera confrontado tanto. Porque al final sólo queremos una cosa:

“No quería liberarse de sus emociones, sino ver confirmada su importancia.”

¿Conclusión? Detesto a los libros. Pero igual voy a seguir leyendo.


Jeffrey Eugenides (Detroit, 1960) estudió en las universidades de Brown y Stanford. Ganador del Premio Aga Khan antes de la publicación de su aclamada primera novela Las vírgenes suicidas (1993), llevada al cine por Sofía Coppola. Middlesex (2002), su segunda novela, le ganó el Premio Pulitzer.


Eugenides, J. 2013. La trama nupcial. México: Editorial Anagrama.

Título  de la edición original: The marriage plot. Farrar, Straus and Giroux. New York, 2011.

43: La vida detrás de cada nombre

Hace ya varias semanas que llegó a mi la convocatoria del proyecto titulado 43: La vida detrás de cada nombre. El objetivo es recuperar la vida e individualidad de los 43 jóvenes desaparecidos  en los lamentables sucesos violentos del 26 de septiembre del 2014, por medio de creaciones literarias que expusieran los datos reales sobre la vida de estas personas.

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A lo largo del mundo, Ayotzinapa se convirtió rápidamente en un estandarte de lucha social contra la opresión y la impunidad ante los agravios a los DDHH en México. Pero dentro de este clima se dejó de lado la individualidad de los jóvenes desaparecidos y víctimas mortales de los hechos de Iguala. Extraigo del blog Lepisma, creación y crítica literaria, la introducción de la primera entrega de dichas creaciones.  Les invito a leer y compartir, a conocer la vida de los jóvenes que el Estado mexicano desapareció, así como la de aquellas personas asesinadas hace ya cuatro meses.

“Durante las próximas semanas, el blog de Lepisma. Creación y crítica literaria presentará en este espacio el proyecto literario 43: la vida detrás de cada nombre, una serie de textos sobre cada uno de los normalistas desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, así como de las víctimas de la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. Obra de una comunidad diversa de autores, se trata de un esfuerzo por recordar que detrás de los nombres y los rostros existe más que la ausencia, el crimen y la política. Si bien en su origen el proyecto se planteó recuperar la biografía personal de los jóvenes de Ayotzinapa, pronto se hizo evidente que hablar de ellos implicaba también hablar de sus padres y sus compañeros, de su entorno y nuestra forma de reaccionar, como sociedad, a ese horror. Así, poetas, narradores, ensayistas, periodistas y estudiantes de letras respondieron a una convocatoria ideada por alumnos y maestros de la Universidad Veracruzana para explorar, mediante su escritura, la lucha continua de la vida antes y después de las balas, por avanzar entre el dolor y perseverar en la búsqueda de una sociedad más justa a partir de ciertas palabras inagotables: libertad, esperanza, justicia, alegría.

En esta primera entrega, en el marco de la Octava Jornada Global por Ayotzinapa, incluimos sendos poemas de Verónica Volkow y Eduardo Milán, así como un cuento de Virginia Sánchez, que abordan la vida de Abelardo Vázquez Peniten, Alexander Mora Venancio y Mauricio Ortega Valerio, respectivamente. Pero nuestro proyecto no se queda aquí: en los meses venideros, el proyecto 43 editará un libro digital que reúna todos los textos bajo el sello de Astillero Ediciones, a la par que un libro impreso. Agradecemos a los #IlustradoresconAyotzinapa tanto la inspiración como el permiso para acompañar nuestros textos con su obra.
Lepisma invita a leer y compartir.

Para leer la primera entrega, pueden dar click en la siguiente liga:

43: La vida detrás de cada nombre

Jóvenes desaparecidos

1. Abel García Hernández
2. Abelardo Vázquez Periten
3. Adán Abrajan de la Cruz
4. Alexander Mora Venancio (Asesinado por el Estado)
5. Antonio Santana Maestro
6. Benjamín Ascencio Bautista
7. Bernardo Flores Alcaraz
8. Carlos Iván Ramírez Villarreal
9. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz
10. César Manuel González Hernández
11. Christian Alfonso Rodríguez Telumbre
12. Christian Tomas Colon Garnica
13. Cutberto Ortiz Ramos
14. Dorian González Parral
15. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz
16. Everardo Rodríguez Bello
17. Felipe Arnulfo Rosas
18. Giovanni Galindes Guerrero
19. Israel Caballero Sánchez
20. Israel Jacinto Lugardo
21. Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa
22. Jonas Trujillo González
23. Jorge Álvarez Nava
24. Jorge Aníbal Cruz Mendoza
25. Jorge Antonio Tizapa Legideño
26. Jorge Luis González Parral
27. José Ángel Campos Cantor
28. José Ángel Navarrete González
29. José Eduardo Bartolo Tlatempa
30. José Luis Luna Torres
31. Joshvani Guerrero de la Cruz
32. Julio César López Patolzin
33. Leonel Castro Abarca
34. Luis Ángel Abarca Carrillo
35. Luis Ángel Francisco Arzola
36. Magdaleno Rubén Lauro Villegas
37. Marcial Pablo Baranda
38. Marco Antonio Gómez Molina
39. Martín Getsemany Sánchez García
40. Mauricio Ortega Valerio
41. Miguel Ángel Hernández Martínez
42. Miguel Ángel Mendoza Zacarías
43. Saúl Bruno García

Víctimas

1.- Julio César Mondragón
2.- Julio César Ramírez Nava
3.- Daniel Solís Gallardo
4. Aldo Gutiérrez (diagnosticado con muerte cerebral)
5.-Edgar Andrés (herido de gravedad)
6.- David Josué García Evangelista (15 años, integrante del club de futbol Los Avispones de Chilpancingo)
7.- Víctor Manuel Lugo Cortés (conductor del autobús del club de futbol Los Avispones de Chilpancingo)
8.- Blanca Montiel Sánchez, mujer asesinada en el lugar del atentado